Adios!
Me aburrí de mi blog personal.
Buena vida!
Yo.
Para pensar el discurso político y mediático post-menemista.
Hablemos bien de la muerte. ¿Quién dijo que es malo morir? La muerte es la degradación de un objeto inerte por agentes de la naturaleza, pero más aún es el fin de un ciclo al cual le sigue un número infinito de ciclos que conforman el tiempo. Muerte también significa renovación, pero culturalmente estamos cada vez más atados a la idea de individuo como valor supremo de la sociedad, dejando de lado la idea de cuerpo, de masa, de cardumen, de grupo solidario que se necesita entre sí para pasarla mejor. Ningún ser humano en particular es imprescindible, pero el individualismo consumista nos lleva a creer en la satisfacción constante del deseo personal (como si fuera el fin del mundo) en detrimento de los lazos sociales. La falta pura del hombre, su 'malestar en la cultura', se ve acallada por una serie infinita de mercancías y estupideces inútiles que el capitalismo y la publicidad (su cara visible) ponen en el lugar de la falta. La acumulación sin sentido nos aleja de la muerte en ese afán por llenar un lugar vacío por definición, pero en un modo negativo para nosotros, pobres bestias presas del sistema de mercado. En lugar de decir: “yo nazco, yo vivo, yo sufro, yo muero”, ¿no es mucho más reconfortante escuchar y decir: “nosotros nacemos, nosotros vivimos, nosotros sufrimos, nosotros morimos”? Son los lazos que cada uno de nosotros pueda generar a su alrededor los que harán de nuestro paso por la tierra un momento mucho más agradable, y la fortaleza de estos lazos depende de una conciencia general de todo solidario, de cuerpo social. La única forma de rebeldía posible, cuando todos los discursos han sido silenciados en la estúpida monotonía de un mundo que se empeña en mantener a sus habitantes aislados, es a través de la acción en redes subterráneas, pensadas para generar un modelo desestabilizador opuesto al verticalismo propuesto desde los estados capitalistas. La muerte nos iguala, y la acumulación no es más que una ficción que nos hace creer muy diferentes, pero diferenciarse con mercancías es la ilusión-trampa perfecta de este sistema que todo lo devora, porque suena tremendamente lógico que así sea.
Las autoridades se esfuerzan sistemáticamente al máximo para mantener a los compañeros de prisión desinformados acerca de lo que está pasando en otras partes de la prisión mundial. No adoctrinan, en el sentido agresivo de la palabra. El adoctrinamiento queda reservado para adiestrar a la pequeña elite de responsables de transacciones de compra y venta y los expertos en gestión y mercados. Para la masa de la población carcelaria el objetivo es no activarla, sino mantenerla en un estado de incertidumbre pasiva, recordarle sin remordimiento que en la vida no hay nada más que riesgo y que la tierra es un lugar inseguro.
El hombre que se rige por su deseo prepara un termo con un litro de caipiriña y se va a una playa alejada con su familia –mujer recién estrenada, hija de doce, hija de veintiuno, bebé de meses, carrito, sombrilla, bronceadores, toallas, mamadera, etc. Arenas blancas, una tarde con amigos al sol y un litro de caipiriña adentro. El hombre que se rige por su deseo comienza a representar un Superman paródico con una toallita de bebé como capa y un puño al frente recorriendo la orilla del mar que moja sus pies. Un amigo le dice a la hija de doce “tu papá es un fenómeno” y la hija no cree que sea así. El hombre que se rige por su deseo corteja a una de las mujeres del grupo sin pudor y se la lleva a caminar mientras su mujer recién estrenada y con el impedimento de un bebé de meses no puede hacer más que revolcarse en su odio sosteniendo al hijo que tuvo con el monstruo. El atardecer comienza a desarmar la reunión en la playa y la mujer recién estrenada no quiere viajar con el bebé en el auto del monstruo. La hija de doce, su amigo y la hija de veintiuno viajan con el hombre que se rige por su deseo que muerde la banquina, se mete en una profunda zanja del costado de la ruta y casi vuelca. Quizás el amigo de la de doce ya entendió por qué el papá de su amiga no es un fenómeno. El hombre que se rige por su deseo aduce que la caipiriña es neurotóxica y desde ese día sólo toma caipiroshka.
- Hola, señora, ¿Quiere un billete de lotería? -dice Rubén mientras la mujer que no deja de mirar antianatómicamente por la ventanilla contesta que no con un gesto.